Mi hijita y el Himno Nacional
Publicado el 11/06/2009Anoche mi hijita Malú me contó que está aprendiendo el Himno Nacional.
Un par de preguntas bastaron para darme cuenta de que mi pequeñita no entendía las complicadas frases que le enseñaron a repetir como una autómata, y estoy dispuesto a apostar mi sueldo a que lo mismo le pasaría a cualquier escolar elegido al azar. No quiero ni imaginar las millones de horas/hombre que tenemos acumuladas de cantos tirados al aire, sin reflexión.
Pero eso no es lo peor del caso.
Aun si mi Malú y todos nuestros escolares entendieran esos versos que paporretean, observarían una fotografía de país distinto al que pisamos. Sé que ponernos de acuerdo en una nueva letra puede ser más engorroso que elegir un contralor y, por eso mismo, al menos deberíamos enseñarle a nuestros chicos a ser críticos con los versos actuales. Qué ganas de decirle: muchachos, ese himno es como esa carta que su novia (o novio) les habría escrito luego de una pelea. Años después, al toparse nuevamente con ese papel en su caja de recuerdos, se dirían: “caramba, qué palabras tan duras. Ahora que no estamos peleados, estas frases me parecen fuera de lugar”. Sin embargo, eso no es lo más importante que me gustaría que sepan: en los tiempos que antecedieron a la creación de nuestro Himno, ¡nuestro país ni siquiera estaba peleado con España! De toda la América colonial, nuestro territorio era el que menos quería independizarse de la península. Cualquier peruano más o menos leído sabe que fue gente de otras tierras la que vino a nuestro territorio a pelear por sus ideas, porque mientras Perú se mantuviera bajo control español las independencias de sus estados habrían corrido peligro latente. Y esto es tan cierto, como que el ejército realista, en verdad, estaba compuesto por peruanos, mientras que los ejércitos libertadores estaban compuestos por rioplatenses primero, y por colombianos y venezolanos en el tramo final.
Para quererse por completo primero hay que conocerse. La idea que tenemos de nosotros, como país, está tan desbalanceada como nuestro Himno. O quizá sea al revés: nuestro Himno es el reflejo de nuestro desbalance. Añoramos el Imperio de los Incas cuando éste duró políticamente algo más de noventa años, y dejamos de lado trescientos años de colonia y virreinato, como si no hubiéramos sido también españoles, como si no fuéramos el resultado de dos mundos que colisionaron, nos guste o no. Y en gustarnos como somos está el secreto. Hace unos meses, en una visita a una huaca, un turista español se quejaba por haber sido timado por un taxista. Una señora a mi lado le susurró a otra: “bien hecho, eso le pasa por haberse llevado nuestro oro”. Dios mío, las consecuencias de no darle a cada cosa el peso que realmente tuvo. Nuestro Himno es, como cantaría Lavoe, un periódico de ayer. Y con noticias fuera de contexto, además.
Cambiar su letra no nos hará un mejor país.
Pero reflexionar con nuestros hijos sobre él, créame que sí.

Sonia Moy dice:
Me encantó tu artículo. Muy cierto Gustavo…ya me tocará algún día esa conversación con Alejandrito quien está en un nido Waldorf cuyos cánticos no incluyen el Himno…jajaja.
11/06/2009, 22:59Sonia
Manue Villalobos dice:
Gustavo, felicitaciones por tu blog. Sin ir más lejos, en la proxima reuniòn de promo les preguntaré sobre el himno… ¡a ver si saben!. Te esperamos por Trujillo. Un fuerte abrazo, Mañuco
11/06/2009, 9:45Carlos Dulanto dice:
Mi estimado Gustavo. Al leer tu artículo se me encendieron mis neuronas, e intentaron repetir con dificultad (he de sincerarme) nuestro Himno Nacional, que según la leyenda urbana el mejor himno luego de la Marseillaise.
No pude terminar de cantarlo, no sólo por mis gallos, sino por esa sensación de vacío que sólo rellenamos cuando lo cantamos a paporreta en un estadio previo una derrota segura de nuestra selección.
Somos felipillos eternos, vivimos del “pasado” y del “hubiera”, de los ricos que fuimos y cómo los “chesumares” de los españoles nos quitaron lo que quisieron en Cajamarca, dentro de ese famoso cuarto del rescate, que a decir verdad, rompe con el mito de un Atahualpa gigantesco.
Esto no pretende ser un comentario fatalista, tan solo una mirada profunda a las ideas que aun se plantean en los colegios. La educación cívica, muy venida a menos, ha creado ciudadanos que escupen su tierra pero saben cantar el Himno.
Un Himno, que hoy incita las más profundas psicopatías de un peruano oprimido, que levanta la cabeza y se libera rompiendo cadenas. Sino preguntémonos qué pasó en nuestra amazonía hace unos días. Yo les preguntaría al Gobierno y a Pizango si sabían cantar el Himno, seguramente responderán que sí, pero ¿lo entendieron? ¿Nuestro Himno será una Biblia que posee diferentes interpretaciones? Lo dejo en el tapete.
Gracias por inspirarme. Hay que cambiar el Perú de costa a selva, y eso nace desde cambiar en casa. Todos somos Peruanos pero sobre todo todos somos seres Humanos.
11/06/2009, 10:57Rossana dice:
Tu artículo remueve algunos temas que ya tenía en el passé composé. En el 2000 la Presidenta del Congreso me encargó un estudio del himno nacional. Para mi sorpresa encontré que la estrofa que cantamos tan vigorosamente no era de la pluma de sus autores. Era una letra de una copla popular que se cantaba por entonces en Lima por los esclavos y que a mí la verdad siempre me pareció horrible (de ahí lo del peruano oprimido); El Himno tiene otras estrofas y han habido varios intentos de cantar otras con algún éxito como aquella que habla del “Dios de Jacob” pero, la verdad, ¿escogerías alguna de las que hay? Buen artículo sin duda, es difícil enseñarle a los hijos esa letra que nadie entiende. ¡¡Ni el traductor de google!! ji
11/06/2009, 12:13Cecilia Otoya dice:
El domingo llamé por teléfono a mi hermana y nuestra charla se vió interrumpida súbitamente por un fondo musical que me pareció un coro de angeles: sus dos nietecitos de 5 y 6 años cantaban el himno nacional con todas sus fuerzas como si de ello dependiera sus propias vidas. Era el Día de la Bandera.
11/06/2009, 12:24La imagen de las dos criaturitas, mano en el corazón, con sus vocecitas infantiles y su patriotismo dulce e inconsciente me conmovió de manera especial porque contrastaba con la trágica realidad en la selva. La distancia entre Lima y Bagua en ese instante era mucho mayor que la geográfica.
A pesar de todo, yo adoro el himno y lo canto con toda el alma. No me importa su letra o su música. Simboliza este maravilloso engendro incomprendido, abusado y desprotegido del que todos somos responsables, pero del que sólo sabemos quejarnos.
Gustavo tiene razón: de nosotros y sólo de cada uno de nosotros depende. Cambiar pequeñas cosas nos daría grandes resultados, pero nuestro patriotismo a veces es más inconsciente que el de los nietecitos de mi hermana.
gr dice:
¡Qué buen dato, ese de la estrofa! Y qué interesante lo que leo entre líneas del comentario de Carlos, ese posible enlace entre Bagua y ese magma antiforáneo que se ha gestado hace siglos. Gracias por enriquecer, amigos.
11/06/2009, 12:34Mariela Sansoni dice:
Hola Gustavo. Claro que tu hijita Malú no puede entender la letra del Himno Nacional. Francamente, creo que son pocas las personas que se han detenido a tratar de entenderlo, porque si lo haces, verás que no solo está fuera de contexto, sino que tiene una carga emocional de rencor y odio. Vivimos odiando no sólo a españoles, también a chilenos y a ecuatorianos. Quizá sea porque por nuestra sangre corre un sentimiento de inferioridad que nosotros mismos hemos fabricado. Otra reflexión que tengo sobre el “paporreteo” de las cosas es que así vivimos, sin pensar lo que decimos, escuchando pero no oyendo. Me atrevería a decir que a veces actuamos sólo por impulso, como si fuésemos irracionales o a veces nuestro raciocinio es tan equivocado que mejor sería no pensar. No se que está pasando con el mundo Gustavo. Así como la Tierra ya no resiste más (según la teoría de Gaia, donde se postula que el planeta siente, ergo, se queja) de igual modo llegará el momento en que el hombre no dé más y también tome conciencia de su autodestrucción. Un beso, Mariela
11/06/2009, 12:49Mary de Loguercio dice:
Excelente Gustavo, ¡como siempre! Este artículo o vivencia me ha dejado pensando que muchos de nosotros no tuvimos la oportunidad de que nos explicaran la letra de nuestro himno… Tienes tanta razón, te deja reflexionando sobre cuantas cosas más están fuera de contexto como lo del oro robado. Besotes, Mary
11/06/2009, 17:48Guido Valdivia dice:
Estimado Gustavo, hace algunos años mi hijo me preguntó si estaba obligado a cantarlo en la rutinaria formación de los lunes en su colegio. Le dije que sólo debía hacerlo si es que le nacía y no porque se lo pidieran los auxiliares de disciplina. Se decidió por el mutis. Su negativa, tildada de poco patriótica, le significó una circunstancial reprimenda, pero también una lección de vida: no hay nada mejor que la búsqueda -acaso ingenua en estos tiempos de sospechosas unanimidades- de la libertad.
Sin quererlo, alenté a mi hijo a hacer lo que yo hubiera querido. Y es que a mí tampoco me gustaba la letra de nuestro himno, porque invita a la depresión y al desánimo y no puede ser el leit motiv que inspire a un país y a sus ciudadanos, que es el propósito de una canción patriótica. Sin embargo, en el colegio no tuve la fortaleza ni la madurez de mi hijo para cuestionar este icono del nacionalismo forzoso. Al terminar la secundaria, nunca encontré motivación alguna para cantarlo. Este desapego nunca fue un gran problema porque los adultos por lo general no participamos de ceremonias oficiales en las que “entonar las sagradas notas de nuestro himno patrio” es, casi siempre, el primer número del programa.
Todo cambió radicalmente cuando tuve que desempeñar cargos públicos. Al principio, mecánicamente, me llevaba la mano al pecho y me sometía al protocolo. Pero poco a poco el asunto me fue cuestionando, sobre todo cuando acudía a pequeños poblados que no figuraban en mi memoria geográfica, en donde los niños estaban obligados a repetir marcialmente palabras que sin duda no entendían. Además, visitar lugares en los que parecía “que por allí Dios no pasó”, y escuchar de ominosas cadenas, de esclavos indolentes y de que de la libertad se oyó “en sus costas” me parecía una agresión gratuita hacia mis circunstanciales anfitriones. Aunque tampoco quería desairarlos, encontré una salida: sólo cantar el coro del himno.
11/06/2009, 23:55Y es que el coro es una bellísima alegoría a la libertad y nos recalca el compromiso de preservarla. Creo que limitar la interpretación del himno a estos breves compases es una buena alternativa, porque intentar cambiar la letra -como bien dices- es una tarea inútil y evita el compromiso de someternos a la auto-flagelación de musicalizar nuestras desgracias. Además de ser una salida práctica, esta idea trae una ventaja adicional para los padres siempre cuestionados por sus hijos: tendremos mejores argumentos para redondear un buen consejo cuando nos pongan en aprietos sobre lo que deben, pueden o quieren hacer.
gr dice:
Guido, tu aporte al debate como ex autoridad del Estado es interesantísimo, así como tu idea de la limitación al coro. ¡Gracias!
11/06/2009, 12:09gr dice:
Cecilia, es lindo lo que cuentas de esos pequeñitos. El reto es cómo no matamos ese fuego con el tiempo, y de qué manera lo encausamos, ¿verdad? Tarea difícil, pero edificante.
11/06/2009, 16:07Katherina dice:
Hola Gustavo, creo que tienes razón al decir que tratar de componer un nuevo himno resulte muy complicado, pero finalmente es nuestro himno, y yo me emociono mucho cuando tengo la oportunidad de cantarlo. Siento frustración cuando veo que los demás no lo respetan y hablan de cualquier otra cosa. Gracias por el blog, te felicito y espero que pronto se publique tu nueva novela.
11/06/2009, 12:24Allan dice:
Gustavo: Cantar el himno se me hace igual a rezar el credo. Un ritual de reafirmación, pero impuesto por valores absolutamente discutibles. El patriotismo, así como la fe, no se cuestionan.
11/06/2009, 20:25Felizmente hay quienes, como tú, podemos levantar la cerviz. Saludos.
gr dice:
Allan, como bien dices, el patriotismo no se impone: crece en nosotros conforme nuestra tierra nos acoge. Y pensar que hay educadores que creen que marchando bajo el sol uno termina amando a la Patria. Gracias por tu comentario.
11/06/2009, 16:54daniel en toulouse dice:
Hola Gustavo, me parecio muy interesante tu artículo y me parece que en él tocas temas muy importantes con respecto a la imagen del Peru que se inculca a los niños en el colegio. Creo que la clave está en esa glorificacion extrema de todo lo incaico y en esa negatividad con la que se tilda lo español. No se nos presenta la manera en que los Incas invadían otros pueblos de la misma manera en la que se nos presenta la conquista española, cuando al final el fondo es el mismo.
El día que nuestro programa educativo enseñe que el Perú es la fusion de varias culturas incluyendo la Inca y la Española (entre otras) sera el día en que finalmente hagamos el primer paso hacia la integracion nacional.
11/06/2009, 5:36gr dice:
Daniel, muy acertado. Creo que aún si la currícula dijera lo que propones, temo que serían los propios profesores quienes simplificarían el contenido hacia lo que hoy ocurre. ¡A empezar por casa, entonces!
11/06/2009, 15:31Ignacio Cuadrado dice:
La estrofa “Largo tiempo el peruano oprimido” es una letra que ya no debia usarse, pues da a entender que seguimos siendo oprimidos como en el tiempo de la esclavitud en tiempo de la colonia y comienzos de la actual republica.
Históricamente en el Perú los esclavos eran oprimidos y condenados a cruel servidumbre. Actualmente la opresion que existe es lo que los españoles dejaron en herencia: el racismo, la discriminacion socio económica, etc. que hoy en dia utilizan los “pituquitos” (La gente rica) que desprecian a los cholos, a la gente de provincia (mas de los que vienen de la Sierra y la Selva) y a los negros. Para los ricos la gente pobre o de piel oscura no es de su “clase”. Y esta es la opresion que hay en el pais y que los españoles dejaron aqui su huella hace mas de 300 años.
Igualmente todos los gobiernos que existieron no han hecho nada para que nos desarrollemos como pais y seguimos siendo un pais de tercer mundo, esa es otra de las opresiones que tenemos.
En el himno nacional debian usarse otras estrofas y ya no seguir cantando esa letra negativa.
11/06/2009, 14:36María Elena dice:
Ahora me parece que el paporreteo en la infancia tiene sentido (idealmente bien direccionado, claro). Como las oraciones, los niños las repiten y al inicio no entienden nada del sentido. Lo que les queda es la atmósfera en la cual se realizan las oraciones. Igual en el caso del himno. No se anda cantando el himno así no más, sino en ciertas ocasiones. Luego, cuando crecen, pueden empezar a cuestionar, a conciencia, lo que antes repetían por repetir. Me parece que es saludable eso. La cosa es que cuando uno empieza a cuestionarle las cosas a los hijos pequeños… ellos, además de paporretear el himno, paporretean los argumentos que uno les enseña. Estoy de acuerdo en lo que dices al final: cuando ellos empiezan a cuestionarse por sí mismos (claro, el ambiente de la casa tiene que ser propicio para eso) es que la generación significará un cambio, y quién sabe, un cambio en la letra del himno con mucho más sentido que si lo hiciéramos ahora. Será?
11/06/2009, 23:57María Elena dice:
Bueno, no es exactamente lo que dijiste al final, sólo que lo que dijiste al final me hizo concluir lo que digo yo al final.
11/06/2009, 23:59gr dice:
Acuso recibo de tu encantador trabalenguas, y me quedo con la idea de la paporreta como recurso inicial. Interesante darle vueltas. ¡Abrazos!
11/06/2009, 19:50