Yo, que no soy príncipe
Publicado el 03/01/2010En estas fiestas me regalé algo insólito en mi vida: afeitarme en una barbería.
La ceremonia duró media hora; lo suficiente para recomendársela a todo varón que se enfrenta al espejo con una cuchilla descartable. Repasémosla por tríos: la silla tipo Apolo XI, la toalla caliente en la cara, la escobilla que esparce la espuma cítrica. La radio con baladas de los años sesenta, las bromas de los viejos parroquianos, el olor a revistas viejas. La cuchilla de mango nacarado, la mano firme del barbero inmovilizándonos el cráneo, la primera acometida en la línea de la patilla. El ras-ras de la hoja contra los pelos, los dedos del barbero estirando la piel centímetro a centímetro, la valentía de poner nuestra garganta en manos de otro.
Todo esto me costó más de lo que había calculado, pero valió mucho más.
Recién entiendo por qué las chicas van a la peluquería a lavarse el pelo, cuando podrían hacerlo en casa: las princesas de los cuentos jamás vivieron la era plebeya del “hágalo usted mismo”.
Mi versión masculina podría resumirse así: a falta de ayudas de cámara, buenos son barberos.

Carlos Dulanto dice:
Gustavo primero que nada déjame enviarte un súper abrazo: que estas fiestas hayas tenido aquello que todo hombre necesita: un beso de quienes más amamos. Ahora bien, gracias a tu post he recordado mi experiencia (sobrehumana, para algunos súper machos) de ir a una peluquería y hacerme un facial. Sentir las cremas y las banditas y que te coloquen unos parches húmedos en los ojos mientras te dicen con una voz de sirena que te relajes.
03/01/2010, 22:37Todo ello me hizo sentir que mi virilidad se esfumaba junto con el vapor de una máquina que lo expulsaba hacia mis poros. Y la verdad, nunca lo hubiera hecho de no ser por mi novia. Y aprendí que era una experiencia agradable, muy agradable y ahora entiendo muchas cosas, quizás el mismo sentir que ahora tienes tú, el valor de sentirse engreídos de cualquier forma. Un chocolate deseado, que nos hagan la sopita cuando estamos con gripe, o simplemente un masajito materno no tiene precio. ¡Que vivan los barberos y los faciales!
Rossana dice:
Tengo 26 años con mi marido y cuando lo conocí usaba una linda barba que un día se volvió algo blanca y decidió eliminarla en una barbería. Desde que conoció el ritual de la barbería NO se lo pierde por nada de este mundo. Con los años va en aumento, ¡ya verás!
03/01/2010, 22:40gr dice:
Gracias, Rossana, por tu comentario. Quizá no me vuelva fanático de ir al barbero como ocurrió con tu esposo, pero la idea de engreirse una vez cada cierto tiempo me ha quedado clara. Ya te contaré. ¡Va un beso para ti!
03/01/2010, 9:36gr dice:
Carlos, te comprendo. Ir al sauna es de “machos”, como bien lo pones, pero es otra forma de autocomplacencia: si uno de ellos se atolondrara con tu facial, pues les diría que lo que hiciste fue un sauna focalizado, ja. Fuera de broma, qué bien que tú y tu novia compartan esas experiencias. Te deseo más de ellas en este año que empieza. Un abrazote.
03/01/2010, 9:39Ricardo Meza dice:
Me hiciste recordar mis primeras afeitadas cuando ingresé a la Escuela Naval en los 70. Lo tenía que hacer dos veces al día, una en la mañana y otra afeitada, antes de almuerzo. Si no lo hacías “bien”, te arrestaban poniendo en peligro tus salidas de fin de semana. Qué buena manera de engreir el cuerpo… en una barbería. Lo probaré. Un fuerte abrazo y que tengas un dos mil diez como dios manda.
03/01/2010, 17:55gr dice:
Mi querido Richi, ¡qué bueno encontrarte por acá! ¿Afeitarse dos veces al día? ¡Yo con dos a la semana me hago problemas! En vista de eso, recibe dos abrazos diarios de mi parte, aunque sean virtuales: comuníquese y ejecútese, por la gloria de nuestro Almirante Grau.
03/01/2010, 8:55deborah valenca dice:
gus: mientras leía me vino a la cabeza la escena de “gran torino” en la barbería… y de otras de ” un príncipe en nueva york”. yo no tengo barba, lógico, pero siempre que paso por una de esas barberías de antaño me dan unas ganas de entrar y no sé por qué. confieso que no voy a la peluquería a menudo, pero no por el ritual que uno vive -que es una delicia- si no por el tipo de conversación que uno tiene que escuchar. si no fuera por eso sería asidua… ¡qué le vamos a hacer!
03/01/2010, 13:45gr dice:
Querida Déborah, si las viejas barberías te llaman, es porque quieren que las fotografíes. A ver si un día nos sorprendes con una muestra de estos espacios anclados en el tiempo.
03/01/2010, 8:44Persépolis dice:
Hola Gustavo, espero te encuentres bien, es un gusto poder leer tu página. Quisiera me puedas alcanzar tu email para mandarte unos archivos adjuntos. Me interesa mucho la propuesta de comunicación que tienen en Toronja. Porfa, me gustaría poder escribirte pero en privado. ¡Gracias!
03/01/2010, 13:49gr dice:
Hola, gracias por tu mensaje. Si entras a http://www.toronja.com.pe , enla parte superior encontrarás mi correo haciendo clic en “contáctenos”. ¡Abrazos!
03/01/2010, 16:51