La furia de Aquiles (Alfaguara, 2001)

Publicado el 01/05/2009

La furia de Aquiles

Cuando Aquiles López viaja a Lima para estudiar arquitectura, ignora que esta ciudad caótica no solo le arrebatará su ingenuidad adolescente, sino también la amistad de sus compañeros de infancia que lo acompañan en el mismo hospedaje.
Pero, ¿no será el tímido y responsable Aquiles más vengativo y despiadado que los amigos que le acaban de dar la espalda?
Esta entrañable novela, impregnada de un humor irreverente, nos presenta a personajes que nos reconcilian con aquel joven tonto e irresponsable que alguna vez fuimos, tal como lo dice el autor en el prólogo a la edición de bolsillo:

Querido Aquiles,
Han pasado nueve años desde el día que decidí escribir esta novela basada en ti, y hasta ahora no deja de llamarme la atención cómo sus lectores me siguen haciendo la misma pregunta: ¿qué tanto de ti como personaje hay en mí como autor?
O más concretamente: ¿qué tanto de lo que te ocurre a ti en la novela me pasó a mí en la vida real? Esta segunda pregunta es la más fácil de responder, porque habla de acciones más que de sentimientos. Y la contestaré diciendo que a ti, Aquiles, te pasaron las mismas cosas que me ocurrieron a mí entre los quince y los veinte años. Yo, al igual que tú, cargaba el temor que tienen los adolescentes citadinos al enfrentarse a un futuro incierto. Se acababa el colegio y se acercaban los mitificados estudios superiores. Y para estudiar lo que queríamos, ambos teníamos que dejar nuestra pequeña ciudad del norte para enfrentarnos a ese monstruo tan atractivo como amenazante que era Lima. Comentando este punto alguien me ha dicho que esta novela es, hasta cierto punto, una rareza: existen muchos testimonios sobre la migración de los más pobres hacia nuestra capital, pero existen pocos que retraten la migración de la clase media. No he comprobado que esto sea verdad.
Lo que sí sé y te confieso es que yo te utilicé, querido Aquiles.
Cuando empecé el libro que lleva tu nombre era un escritor sumamente inexperto. Nunca había escrito una novela y me era claro que no debía tener grandes pretensiones. Me dije: “no hagas el ridículo pretendiendo escribir sobre aquello que no sabes, hazlo sobre aquello que conoces mejor que nadie”. Y así fue como empecé a escribir sobre ti. Siendo tu historia mi historia, me apoyé en ti como si fueras una muleta, como esas rueditas laterales que se necesitan para dar los primeros pedaleos en bicicleta. Verme en tu espejo me fue muy útil, hasta que cogí la confianza suficiente para alejarme de tus vivencias.
Sin embargo, no sólo te usé para escribir una novela. También lo hice para conocerme mejor. Cuando escribí “La Furia de Aquiles” tenía cerca de treinta años, y aún tenía fantasmas de la adolescencia persiguiéndome. Al escribir sobre nuestra juventud, volví a reflexionar sobre aquella época y pude entender muchas de las cosas que había vivido. Siento que este ejercicio de escritura me ayudó a hacer las pases con parte de ese pasado, y quizá me preparó a reconciliarme con mi padre que - al igual que el tuyo- no aparece en la novela más que como un difunto. Quién sabe si haberlo matado literariamente no allanó el camino para que años después me reconciliara con él. Y es esta última reflexión la que me lleva a contestar la primera pregunta: ¿Qué tanto de ti hay en mí como autor?
Creo que si te usé fue, justamente, para dejar de parecerme a ti. Para alejarme de aquel chico muy temeroso. Para no flaquear demasiado ante una grieta abierta en el camino. Para dejar de pensar que la mujer perfecta existe. Para no decepcionarme exageradamente de mis amigos en vez de tratar de entenderlos.
No sé si gracias a ti me convertí en mejor escritor.
Pero sí debo decir –aunque quizá te duela- que superarte me hizo una mejor persona.
Y eso merecía esta carta con final agradecido.

Con cariño y sin furia,

Gustavo

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8 comentarios, Comenta

  1. yoliita* dice:

    ¡Asu! ¡Yo ya leí este libro y es buenazo!
    Se lo recomiendo a todo adolescente.

  2. gr dice:

    A todo adolescente de cuerpo y alma… porque nunca dejamos de serlo. Gracias por tu comentario.

  3. juan manuel dice:

    Tanto como “Encuentro en un Bar”, cuando hablas de alguien que conoces, ese cuento lleva la escencia. Genial autor. Este libro esta rotunda y altamente recomendado, no solo para adolescentes, para amigos que quieren ser mejor amigos, para emprendedores que tienen a uno de los mejores ejemplos en Gustavo, y en si todo sentimiento humano de superación que el hombre descubre durante la etapa de la adolescencia.

  4. robin villalobos dice:

    Al igual que Aquiles tuve que salir de mi tierra (Cutervo - Cajamarca) a esta ciudad monstruosa e insegura. En la academia un amigo me prestó su libro. Fue genial. Lo devoré en poquísimo tiempo. Usted es un narrador excelente. La historia es bella y original, irreverente como cada uno de nosotros, los jovenes.
    ¿Sabe? Desde pequeño me ha gustado la literatura y he admirado a muchos escritores, usted es uno de ellos. Su forma de narrar la historia, el identificarse con el personaje es interesante y ese humor joven es simplemente atrapador.
    Le doy gracias por haber escrito este libro, no sabe cuánto me identifico con los personajes y quizá con la historia. ROBIN VILLALOBOS

  5. gr dice:

    Robin, eres muy amable, en verdad. Ahora que te leo, un poco emocionado, pienso que quizá sea cierto lo que un escritor dijo: “escribimos para que nos quieran más”. Un gran abrazo.

  6. gabriel dice:

    Es un libro breve, pero profundo. Se basa en una verdad inherente al hombre: el error. Y en una esperanza divina: el perdón.

  7. Oscar Benavides Ruiz dice:

    ¡¡Impresionante!! Tus líneas dicen mucho para ese joven que busca una respuesta en sí mismo, dando vueltas en el mismo lugar, a veces. Tal vez la respuesta a todos esté en el fondo del corazón. ¡¡Grande Gustavo!!

  8. Diego Ordoñez dice:

    Uno nunca debe de olvidarse de su pasado, pero en parte debe de superarlo. Con eso me quedo tras tu carta a Aquiles. Sinceramente fenomenal.

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